Por Pilar Portero
"Hay que armarse de paciencia. Es un asunto muy complejo y que seguramente va para largo. No va a ser fácil". Mª Teresa Fernández de la Vega, mudó la sonrisa por gravedad, cuando en la puerta del hemiciclo le preguntamos ayer mismo por los tres cooperantes catalanes
secuestrados en la carretera que une
Nuakchot con
Nuadibú, en
Mauritania.
Sólo unos minutos antes, un asesor socialista recordaba violentas acciones atribuidas a
Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI), como el
asesinato de una familia de turistas franceses justo hace ahora dos años cerca de la ciudad de
Aleg (260 kilómetros al sureste de
Nuakchot), la muerte de un cooperante estadounidense el pasado mes de junio y el ataque suicida contra la Embajada francesa en agosto.
"Es como para estar muy preocupado, porque o exigen un rescate o que se libere a presos de la organización. Y esta gente, no se anda con tonterías", reflexiona el asesor cercano al poder. El propio
Rubalcaba ha reconocido que el grupo terrorista es implacable.
Pero ¿quién es AQMI para sobrecoger de tal manera? Este grupo terrorista islámico lucha por restaurar la pureza de la
Sharía en todo el mundo musulmán ante la amenaza de Occidente.
España y Francia son los dos principales proveedores de diversos materiales a Mauritania. Uno de los motivos por los que el grupo terrorista los ha enfocado con su
teleobjetivo.

Por lo pronto,
los 'hijos' de Bin Laden y de Zawahiri se multiplican día a día en el Sahel, la zona comprendida entre el
Sahara y
Africa Central que abarca cerca de 4 millones de km2, y países tan dispares como el sur de
Mauritania,
Senegal,
Malí,
Argelia, el norte de Guinea y
Burkina Faso,
Níger, norte de
Nigeria y
Camerún,
Chad,
Sudán y Eritrea. Las dispersas células terroristas que han encontrado un paraíso en el que ocultarse, entrenarse e intercambiar favores con otros grupos locales, son
desconocidas hasta que se activan y atentan. Ni tan siquiera los expertos aciertan a cifrar el número de seguidores, unos concluyen que se trata de un par de centenares y otros de más de 4.000.
El
Sahel es una
prometedora potencia energética en la que EEUU, sobre todo, y Europa están invirtiendo para extraer su riqueza de gas y petróleo. Eso alimenta, además, el odio contra el imperialismo que esgrimen los
fundamentalistas islámicos en su cruzada contra la
modernización del mundo islámico.
El presidente Zapatero cuenta, en esta ocasión, con la experiencia sobre el terreno de
Bernardino León. El actual secretario de Presidencia, estuvo destinado en
Argelia desde el año 1992 a 1995. Su irrefrenable tendencia a acompañar a los
GEOS en todas las misiones que podía, le valió
el apodo de 'Rambo'. Justo allí pudo experimentar cómo los voluntarios argelinos, veteranos de la guerra de
Afganistán, los mismos que lucharon por su libertad contra los rusos, fueron virando hacía el radicalismo y alineándose con los
talibanes. Además, Alonso
Dezcallar,el embajador en
Mauritania, es hermano de Jorge
Dezcallar, con el que
Bernardino León comparte una profunda amistad.
Claro que la inquietante omnipresencia de
AQMI y su avance, mudo pero contundente, no es lo que quita el sueño al Gobierno.
El miedo a corto plazo lo desencadena la posibilidad real de que la liberación se complique. La alarma
mediática creada por
el Alakrana puede quedarse en nada ante este nuevo imprevisto, que surge de nuevo en un país con unos códigos muy particulares. Es sólo cuestión de tiempo que las familias y amigos comiencen a
desesperarse.
Recomendación:
"La torre elevada", del merecidamente laureado periodista
Lawrence Wright, es un instructivo y apasionante libro que ayuda a entender los inicios de la
yihad y cómo un chaval de tan sólo 15 años, Al
Zawahiri, culto y
comprometido, comienza fundando una célula con el fin de derrocar al gobierno egipcio de
Nasser y acaba convertido en el inteligente socio de
Bin Laden.