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viernes, 9 de julio de 2010

El estilo de los políticos: Bibiana Aido

Por Pilar Portero

Vuelta y vuelta, por favor. Yo lo prefiero a la parrilla. En vista del calor que se nos ha echado encima y antes de que nuestros políticos favoritos se derritan aprovechamos para mostrarles en su punto de ebullición. Esta semana con la nueva ley del aborto levantando ampollas, según dicen algunos, la ministra de Igualdad merece el honor de protagonizar nuestro humilde espacio.

¿Tu crees que está muy delgada? ¿Te parece guapa? Pues a mi me pone. Puede resultar una conversación superficial y vulgar pero es lo que hay. Y yo he participado en ella, en el pasillo del hemiciclo mientras la ministra más joven del Gobierno pasaba ante el grupo con el que departía. A ellos les gustaba, aunque de poder elegir hubieran preferido unos kilos de más, mientras nosotras nos rendíamos a la evidencia. Si, es atractiva. No voy a disculparme con los que consideran esta charla sexista. Porque sería tan estúpida como quienes miran con lupa a la titular de Igualdad para sacar de contexto una frase o una actitud con el sello de este ministerio transversal para usarlo en su contra.

La edad jamás me parece un impedimento para nada. Las ganas de comerse el mundo, la confianza en realizar nuevos y arriesgados proyectos se metamorfosea por obra y gracia de la experiencia en mesura, conocimiento del terreno y descreimiento. Lo ideal sería preservar el ímpetu y agitarlo con la lucidez de la madurez. Pero no se puede. Bibiana reune las cualidades básicas para enervar a todos aquellos que se consideran sobradamente preparados para ocupar su puesto. Es joven, mujer y la pusieron entre las manos una cartera vacía. El problema radica en que para llenarla es preciso arrancar competencias a los otros ministerios. Hablamos de pasta. Y eso es peliagudo.

A otros compañeros de Gobierno les dieron un presupuesto rebosante y en numerosas ocasiones anteponen el beneficio privado al público sin que nadie discuta su valía. Si Aído es lista o tonta, es el eterno debate que surge en cuanto se la nombra. Sobre todo entre gente de izquierdas e intelectuales. Los de derechas no albergan dudas. Su veredicto es: incompetente. Almunia la defendía en una entrevista el pasado domingo y son varios los colegas que han tenido ocasión de hablar más de dos palabras con ella a los que ha convencido de manera natural de que tiene más cabeza de la que se le atribuye. Yo la he tratado brevemente por motivos laborales y creo que en este Gobierno hay mentes menos solventes que la suya. Le cuesta relajarse y confiar. Normal. En cuanto abre la boca le crucifican. Y sabe, además, que es la comida preferida de los dinosaurios.

Su estilo es perfecto para comentar. No creo que alcance los 5o kilos, sus preferencias son actuales y hay que reconocer que acierta. En la foto se la nota cómoda con el vestido de seda, tan liviano como ella. Le gusta marcar figura sin ajustar en exceso y la imagino en minifalda de marcha por la noche. Un detalle: los zapatos de taconazo son su prenda fetiche. Siempre los elige sexys y que le abracen el tobillo.

Otros políticos con estilo propio:
El estilo de los políticos: Ana Oramas
El estilo de los políticos: Celestino Corbacho
El estilo de los políticos: Esteban González Pons
El estilo de los políticos: Trinidad Jiménez
El estilo de los políticos: Cristobal Montoro
El estilo de los políticos: Mª Teresa Fernández de la Vega
El estilo de los políticos: José Luis Ayllón
El estilo de los políticos: Pepe Blanco
El estilo de los políticos: Soraya Saénz de Santamaría
El estilo de los políticos: Rosa Díez
El estilo de los políticos: Eduardo Madina
El estilo de los políticos: Josep Sánchez Llibre
El estilo de los políticos: Paco Fernández Marugan
El estilo de los políticos: Álvaro Nadal

lunes, 19 de abril de 2010

Por qué pienso seguir contando Blancanieves a hijos, nietos, bisnietos...

Por Pilar Portero
Casi me abro las venas con este flagrante caso de ignorancia humana. Todavía no me he repuesto del shock. Ya se que de esto hace diez días pero soy de lenta reacción. Que mejor no contemos Blancanieves, ni la Bella Durmiente, ni Cenicienta a los niños. Firmado: UGT y el Instituto de la Mujer. La réplica en "Psicoanálisis de los cuentos de hadas".

"Psicoanálisis de los cuentos de hadas" es uno de mis libros favoritos. Lo tengo siempre localizado y de vez en cuando me sumerjo en algún capítulo por el placer de empaparme de inteligencia en un mundo tan imbécil como el que vivimos. Su enorme autor, Bruno Bettelheim, nació en la cuna del psicoanálisis, Viena, en 1903 y se suicidó en 1990 cuando decidió que no tenía nada más que aportar. En su honor y en el de todos aquellos que saben que la imaginación es lo que realmente nos diferencia de los animales, permitidme contaros un cuento.

Hace muchos, muchos años, un hombre repleto de talentos, descubrió que los cuentos de hadas clásicos, además de ser auténticas obras de arte, están plagados de significados subyacentes que ayudan a los niños a hacer frente a los problemas propios del crecimiento y a la comprensión de su entorno. "Hansel y Gretel", por ejemplo, es un perfecto manual sobre cómo abordar el temor a ser abandonados -una angustia, por cierto, que no tiene edad- y de la lucha por la independencia.

La maravillosa virtud de este tipo de historias clásicas y la razón por la que han servido de guía a multitud de generaciones desde hace siglos, radica en que procuran la oportunidad a los niños de ir encontrando sentido a sus vidas y seguridad en si mismos al verse reflejados en los personajes desvalidos de los cuentos que logran resolver sus problemas por si sólos haciendo gala de una fortaleza envidiable. Evitando, además, tener que tumbarse en el diván de un psicoanalista. Los hermanos Grimm, Hans Christian Andersen, Lewis Carroll, etc. son competencia evidente para miles de psicólogos y pedagogos erroneamente modernos y empeñados en que los cuentos reflejen la vida actual como si te mirases en un espejo. Puag.

El propio Bettelheim renegaba de la alterada versión de Blancanieves que parió Walt Disney. Pero no porque el príncipe fuera un hombre y Blancanieves, una dulce niña con recursos suficientes como para solventar un encadenado de contrariedades, tales como los celos, la pubertad, la iniciación sexual, etc. Lo que le molestaba es que hubiese dado a cada enanito una personalidad y un nombre distinto pues distorsionaba su significado. Los enanitos representan el periodo preedípico en el que se han quedado estancados (no tienen padres, ni pareja, ni hijos) y sirven para poner de relieve la importante evolución por la que debe pasar Blancanieves.

El miedo a los cambios de la preadolescencia, los celos de la madrastra ante el atractivo que trae consigo esa metamorfosis, los eternos conflictos edípicos -el padre dividido entre su mujer y su hija-... "Pocos cuentos distinguen tan claramente entre las fases del desarrollo infantil", apunta el psicoanalista vienés. El príncipe no encarna al salvador, sino que tal y como analiza Bettelheim, su aparición simboliza que tras la batalla interna que ha librado Blancanieves, tanto física como intelectualmente, ya está preparada para establecer relaciones sentimentales propias de la edad adulta.

Esta es la visión de la jugada de los listos del siglo XXI que figura en el material pedagógico: "Los cuentos infantiles están llenos de estereotipos sobre las mujeres y los hombres. Casi todas las historias colocan a las mujeres y las niñas en una situación pasiva, en la que el protagonista, generalmente masculino, tiene que realizar diversas actividades para salvarla. Es el caso de la Bella Durmiente, la Cenicienta, Blancanieves...".

Discrepo, gracias a Bettelheim y a mi propio sentido común, de la lectura plana que algunos expertos actuales se empeñan en realizar y hacernos deglutir sobre los estereotipos de género que transmite este magistral relato, entre otros. Y siento que quienes han elaborado la guía editada por el Instituto de la Mujer y UGT en la que se recomienda no contar a nuestros hijos cuentos como Blancanieves, La Cenicienta o La Bella Durmiente, se lo hayan logrado colar a Bibiana Aido. Una mujer con más coco del que los medios le atribuyen. Me sorprende que ella, que sabe lo nocivo que es juzgar sin conocer todos los datos, haya aprobado tal bobada. No te pierdas esta simplista justificación de Luz Martinez Ten, secretaria de Políticas Sociales de FETE- UGT, una de las responsables: "No queremos a Blancanieves fuera de la escuela sino que el príncipe comparta las tareas de palacio".

Yo por mi parte pienso seguir narrando con la crudeza original y las extremas y antagónicas personalidades de sus protagonistas, estos y otros cuentos de hadas a todos mis descendientes. ¿Por qué crees que los malos resultan tan seductores y a los niños les encanta escuchar una y otra vez la misma historia? ¿No será mejor educar en la frustración, desenmascarar a los hijos de puta con los que se las tendrán que ver y que sepan que a pesar de tantos malos rollos, la felicidad también existe?

Nota: La Blancanieves mordiendo la manzana de Apple -manzana=sexo- es de Antonio de Felipe.

miércoles, 16 de diciembre de 2009

Las hidráulicas Trini y Elena no podrán con los pitillos del Congreso



Por Ana R. Cañil

La Ley que prepara Sanidad solo afectará a dos ministras (Espinosa y Bibiana, que fuman poco y a escondidas) porque Corbacho jura que lo deja el mes que viene.


Son poco más de las once de la mañana y nieva sobre Madrid. Los termómetros marcan más de un grado sobre cero -en algunos aparece el -1º- pero en el patio del Congreso de los Diputados, ya sea por el ruido de las obras de Gallardón ya sea por el humo de la contaminación, la temperatura es secundaria.
O eso es lo que piensan la media docena de señorías y algún ministro que, cual chimeneas, soplan el humo de sus pitillos, al tiempo que mantienen una especie de baile soseras, machacando el suelo con los pies, como si no terminaran de arrancarse el frío. A ratos, el grupo lo forman el ministro de Trabajo, Celestino Corbacho, acompañado de algunos diputados socialistas, como Juan Barranco y plumillas que aprovechan el cigarro de después del café para sacarle alguna información al ministro.
"Ministro, con el frío que hace ¿cómo se atreve a darle al cigarro? ¡Qué vicio!" le comentamos, dispuestas a enhebrar charleta. Por si nos descubre algo sobre negociación colectiva, acuerdos en la reunión de la semana que viene entre patronal y sindicatos o la reforma con el contrato alemán que los agentes sociales han descubierto ahora, cuando los parados superan ya los cuatro millones.
Pero Corbacho prefiere no detenerse mucho en la reforma y la negociación. "Por el tabaco preguntame al mes que viene. Lo dejo" ¡Ande ya! "Que sí, que lo dejo". Pero no porque lo impongan Trini (la titular de Sanidad) o la militante Elena Salgado. Ni mucho menos. Es porque Corbacho está convencido de que es muy malo para la salud y la economía. Veremos que ocurre al mes que viene.

Pocos fumadores

Lo cierto es que en el Consejo de Ministros quedan ya muy pocos fumadores. Reconocidos, Corbacho. En paréntesis, Elena Espinosa, la titular de Agricultura, que lo intenta dejar de vez en cuando. Pero el estrés de Bruselas, de los lecheros y de los agricultores que le llenan las carreteras de hortalizas o de litros de leche, arrojados con más que mala milk, la tiene un poco atacada. Y Copenhague, que estos días no le da respiro. Como si pintaramos algo.
Sea como fuere, Espinosa cada vez fuma menos o eso inenta. Y hoy no estaba en las puertas del edificio viejo, congelándose. Al menos no la hemos pillado.
El tercer ministro que intenta dejarlo es Bibiana Aído. La verdad, en una joven con la cartera de Igualdad bajo el brazo no queda muy ejemplar. Pero no sabemos si "Bibi" para sus íntimos echa algún pito de vez en cuando. El caso es que hoy tampoco estaba fuera ni dentro del Congreso.
Era una mañana heladora pero sosa, y la puerta no estaba de lo más concurrida. Se echaba de menos a Luis Ayllón (el segundo de Soraya y tercero de Rajoy, otro impenitente fumador) e incluso al puro de Rajoy, que a veces no soporta llegar hasta la comida y lo enciende al salir, camino del almuerzo. Vale, en ocasiones contadas.
Había que tener muchas ganas, como las de Juan Barranco, a quien ni las malas caras de Salgado (que hoy no paseaba) ni las anunciadas amenazas de "Trini"-que ultima la reforma para prohibir el tabaco en todo lugar público cerrado- le acoquinan. "Señor diputado ¿es qué a usted no le intimidan esas dos señoras tan serias del Gobierno?" preguntamos al experimentado ex senador, ex alcalde y ahora diputado. "A mí, esas dos señoras tan hidráulicas me dan igual mientras yo fume en la calle. Y en ella estoy". Damos fe de que la calle se la patea, antes y después de entrar a la sesión europea que tiene anestesiada hasta a la banca más agresiva del PP, pese a los esfuerzos de Zapatero y Rajoy.
Pasan de las doce de una mañana abúlica y en la puerta solo hace de chimenea Eduardo Madina, que fuma extasiado y para echar el humo, inclina la cabeza hacía atrás. Quizá busca los copos de nieve que ya han dejado de caer o se pregunta que le van a traer los Reyes Magos este año.