lunes, 14 de junio de 2010

¡Coraje, coraje, coraje y menos pedir perdón! Rap de los viejos rockeros a ZP

Tras las dos tardes de primavera que subieron la adrenalina de los socialistas, vuelve el grito de ¡coraje, coraje, coraje!. Y que deje de pedir perdón por lo que hace. Hasta si le chulean vascos y catalanes, que plantee una moción de confianza. Da igual si llama o no a uno o dos viejos rockeros. Si José Luis no remata el "churro" de la reforma laboral y no adquiere firmeza, de frente, con el capote, el churro será bodrio y no servirá. "Qué recoja el guante. González se lo puso a huevo". Es un resumen de la vieja guardia y los jóvenes Jedi.
Por Ana R. Cañil

¿Fue el sueño de dos noche de primavera? Me refiero al subidón de autoestima de los socialistas en el encuentro en el Congreso para conmemorar los cien años de parlamentario de Pablo Iglesias y los 25 años de la firma de la entrada en la UE. Fue el regreso a primera plana de los "viejos rockeros" que quieren más Europa y más partido, como a dicho Felipe González, la estrella reaparecida. ¿O sólo fue el espejismo de un acercamiento entre la generación de la transición y los chicos de ZP, que desde que llegaron al poder han sentido "que la vieja guardia ponía a su alrededor un cordón sanitario frente a los zapateristas"? Lo de "cordón sanitario" pertenece a alguien cercano a Zapatero, que además se queja de nunca les han agradecido nada, ni les dieron una palmadita en la espalda por lo bien que lo hicieron en la primera legislatura en temas sociales.

El regreso de la cruel realidad

¿Significan las sonrisas y los abrazos en las horas más bajas y con todas las encuestas en contra -diez punto de media arriba el PP- qué el reencuentro será duradero? Ya han pasado 48 horas desde esos dos actos de adrenalina, y el efecto descenso ya está aquí.
No solo por la semana clave que tiene el Gobierno ante sí por la reforma laboral del miércoles y el Consejo de la UE del jueves, sino porque el sábado y el domingo han devuelto las cosas a sus sitios.
"La reforma laboral se queda a medio camino, y a Zapatero de nuevo, le falla la base. ¿Por qué tiene que estar pidiendo perdón por lo que hace? ¡Qué lo haga de una vez y explique, con coraje, las razones. No pidiendo disculpas a todos. ¡Y si llega el caso, que rete a los vascos y a los catalanes. A por una moción de confianza y punto. ¿Que cachondeo es este?"

¡Qué listos sois! Lo habéis adivinado. La rotundidad de las palabras pertenece a uno de esos viejos rockeros que fue feliz durante unas horas entre el jueves y el sábado, con los 25 años de la UE, pero que se ha leído con detenimiento los 41 folios del texto de la reforma laboral. Un papel en el talante presidencial. Pidiendo perdón a sindicatos y a empresarios.

Pero pese a la reflexión del peso pesado anterior, otros aún se mecen entre la nostalgia y la esperanza. Sí, porque el presidente dejó perplejos a sus mayores con su amabilidad, cariño, más palmaditas y aparentes ganas de escuchar, no sólo el jueves, sino durante el acto iniciado en Lisboa y terminado en Madrid. En el avión de vuelta de la capital portuguesa a la española, el presidente habló y estuvo escuchando a muchos. Hasta el punto de que, si bien tras el acto del jueves, los sesentones estaban convencidos de que tocaron la trompeta para que echaran una mano -y no solo llamaron a González- pero no para entrar en un futuro Gobierno, tras el regreso de Lisboa algún socialista madurito piensa que quizá sí, que Zapatero a lo mejor quiere algo de ellos en el Ejecutivo. No hay unanimidad entre los canosos.
"Imposible mientras mantenga como vicepresidenta a María Teresa Fernández de la Vega" ha espetado a este blog un hipotético candidato a fichaje de ZP. El poder de "empantanar" y no dejar rematar de De la Vega, dicen sus antiguos compañeros de partido, es uno de los lastres burocráticos de La Moncloa. Pero "el problema grave es la falta de coraje del presidente"
Por contra, hemos notado que se atenúan las críticas a la otra vicepresidenta, Elena Salgado.
"No nos hagamos ilusiones. Se atenúan las criticas porque en Bruselas ha encontrado la clase donde le ponen los deberes, y Elena siempre ha sido una buena alumna con los deberes marcados". Eso es verdad, lo decían hasta sus compañeras del Decroly.

Sea como fuere, las jóvenes generaciones por debajo de los zapateristas, esos Jedi que esperan el momento post-ZP, o que el presidente reaccione y recupere a los mejores -"necesitamos confianza, algo en lo que creer en estas horas tan bajas" contestaba uno a un ex-ministro crítico-
se van a quedar con las ganas de alargar ese fin de semana de dulzura. Felipe y los suyos han vuelto, pero unos días y por las horas malas. No esperan que nadie les llame a ocupar una butaca, aunque lo que sí que creen es que ahora el presidente ha tendido los puentes para hablar, al menos por teléfono y no por sms.

Incluso alguno augura que "habrá más de una reunión con González, con Solana, puede que con Solchaga pese a lo crítico que ha sido o incluso con José María Maravall" el sociólogo, el intelectual, "coco cerebral" que entrenó a Felipe en los primeros tiempos, en los más duros. Pero todo son especulaciones, salvo que el ex presidente y muchos de los suyos suscriben lo de que en las malas y cuando el partido llama, ahí están. Y por favor ¡coraje, coraje, coraje!

Los ausentes, cabreados o no

Mientras que algunos jóvenes que no son militantes y varios exministro o exdiputados se quedaron fuera del centenario como diputado de Pablo Iglesias porque no había sitio, no les pudieron acreditar, otros se trabajaron su ausencia. Por ejemplo, es un hecho que Pedro Solbes no tenía el cuerpo para ir. Anda de la India a la China, pasando por Luxemburgo y aún está en fase de desintoxicación zapaterista.
Otros como Boyer, Maravall, Borrell, Abel Caballero, (la lista de las primeras figuras de las etapas de González sería difícil de incluir aquí), tenían cobertura para no ir. O están fuera, o estaban en tareas de trabajo que no pudieron dejar. Otra cosa son las ausencias de alguno de los miembros del primer equipo de Zapatero, como Jordi Sevilla. Un chico malo que ya no gusta, a caballo entre los felipistas y los zapateristas.
Y mientras, sigue el rap de los viejos rockeros para Zapatero. ¡Coraje, coraje, coraje! Y menos pedir perdón. ¡Al menos, echale un co...!

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