lunes, 26 de julio de 2010

Chinos y rusos devoran a nuestros niños ricos

Por Ana R. Cañil
Lo han constatado en sus experiencias los más de 102.000 españoles que este verano se han ido a estudiar idiomas en el extranjero. Sobre todo inglés. Pero quienes más lo han vivido han sido los 63.000 niños y adolescentes - datos de la Asociación Española de promotores de Grupos en el Extranjeros (Aseproce)- que vuelven con dos estribilllos. Uno es "este año había más rusos que nunca y ¡chinos!. Nunca hemos visto tantos chinos en Londres, Cambridge u Oxford. Están en todas las excursiones y en los cursos que hemos dado" comentan los adolescentes.


El otro estribillo, como no, es el de la Roja. Han impactado a todos esos compañeros con los que se han encontrado -turcos, libios, coreanos además de los tradicionales italianos, ucranianos, etc.- con el triunfo de la Roja en el Mundial y el farde de llevar camisetas de España.
El sábado y el domingo, en Barajas, se abría la puerta de llegadas y salían manadas de jovencitos con las camisetas de España. Unas eran de Villa, otras de Iniesta y otras de Casillas. Salían orgullosos, sin los complejos ancestrales sobre la bandera española ni problemas generacionales que arrastramos los padres.

Pero volvamos al fenómeno de los chinos. Y de los rusos. Hace ya media docena de años que los chavales coinciden con muchos chicos de países de la extinta URSS: Rusia, Ucranía, Letonia, Lituania. Son, a tenor de lo que cuentan cuando hablan de ellos, hijos de los nuevos magnates rusos y manejan mucho, muchísimo dinero. Lo contrario que los nuestros, que llevan dos años con restricciones monetarias y tiempo de estancia más corto.
Y este año -al menos en Cambridge y Oxford y entre los adolescentes de 15 a 18 años- se han incorporado manadas de chinos, que han dejado a nuestras criaturas "flipando". Primero, porque todo les pareccia maravilloso en la sociedad occidental -las tiendas boutiques, los grandes almacenes sin restricciones, el alcohol, el tabaco- y segundo, la libertad.

"Son alucinantes. Había discoteca a las 7, pero lo más mayores ya no vamos. Es para los enanos -explica una española que ha estado en de Cambridge Ars, asistiendo a cursos de postadolescentes-, pero los chinos de nuestra edad se iban a esa discoteca. La preferían a las birras o las pintas en el pub. Nos contaban que ellos, en su país, no podían ir a discotecas casi nunca. Y la libertad. Nos preguntaban por la libertad de entrar en todos los sitios. Son extraños, pero curiosos".
Curiosa es la conclusión de esta jovencita, a la que ha habido que explicar que esos chinos -y los rusos de otros años- forman parte de un grupo de países emergentes, Brasil, India, Rusia y China -más conocidos por sus siglas, BRIC, y de los que tantos veces hemos hablado- y cuyas juventudes se van a comer a nuestros vástagos en menos de un lustro.
Sí, porque mientras nuestras criaturitas han sido criadas en la riqueza y el estado del bienestar de los últimos 25 años y se doblan ahora, cuando todo se les pone cuesta arriba por primera vez, a los chinos y a los rusos, como a los indios o los brasileños, todo les parece guay en la vieja Europa, pero no entienden lo sobrados que van sus colegas. Ah, y están acostumbrados a luchar por pillar algo. Lo ven en las calles de sus países. Nuestros hijos, devorados por un hermoso dragón chino. Al menos es estético.

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