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jueves, 24 de junio de 2010

¿Por qué el burka tiene que ser un asunto de Estado?

Por Pilar Portero

Piensa un segundo ¿con cuántos burkas te has topado en España?. Y no vale contestar 'en el telediario'. La manipulación en abstracto es una ofensa contra la inteligencia que cualquiera se considera capaz de identificar. Sin embargo, cuando se nos administra por vena como es el caso de la prohibición, o no, de usar burka, que el poder político en complicidad con los medios de comunicación ha decidido convertir en asunto de estado, nos lo comemos con patatas.
Leo 'El Senado pide que se prohiba el burka con los votos de PP, CiU y UPN', y lo que hasta ahora era un cabreo que iba in crescendo cada vez que sobrevolaba titulares semejantes, estalla. Por principio estoy en contra de las prohibiciones y a favor de la libertad individual. Prohibir jamás provoca un cambio de comportamientos o de hábitos. Todo lo contrario, incita a mantenerse férreo en las convicciones. Los 47 países miembro del Consejo de Europa aprobaron ayer mismo una resolución en contra del veto al velo integral. ¿No será mejor promover la educación de esas mujeres para que no tengan que depender económicamente ni de su marido ni de su familia y puedan entonces disfrutar de autonomía?

Yo nunca me he cruzado con una mujer -u hombre, vete tu a saber- con burka en ninguno de los lugares de España por los que he pasado. En países árabes, si. Pero aquí, no. La prueba es que cada vez que mandan a un fotógrafo o cámara a capturar imágenes de burkas tiene que acabar pidiendo a alguna embajada u ONG el favor de que saquen de debajo de las piedras a alguna mujer que lo use. Las razones que esgrimen los partidos que han votado la censura, por seguridad y por discriminación, no se sostienen.

Desmontemos el tema de la seguridad. Cuando nuestra ministra de Sanidad, Trinidad Jiménez, lanzó la alarma de la Gripe A, se agotaron las mascarillas. Tras ellas, la gente temerosa de pillar la pandemia, se escondía y resultaba difícil de identificar. ¿Por qué resucito ahora ese episodio de 'creatividad informativa? Pues porque según alegan los políticos que han promovido la prohibición y los medios que han colaborado en construir esta enorme bola, el uso de burka al impedir identificar a la persona que lo viste, mantendría en el anonimato a un posible terrorista. Maneras de esconder el rostro existen multitud y cuando un grupo terrorista tiene previsto atentar, nada le frena.

A mi el burka no me gusta. Nada. Tampoco que traten de manipularme. Ni que me dicten lo que debo pensar dado que carezco de criterio suficiente para argumentar por mi misma. Pero no resucito a la Santa Inquisición y la dedico a quemar imbéciles. Que el burka es un recurso facilón y recurrente se pone de manifiesto en la tendencia de los diseñadores de moda a emplearlo para llamar la atención de los bobitos de prensa de turno. Los espabilados, lo obvian y hasta se pelean con sus jefes con orejeras de serie para no caer en la trampa. Así que si una señora decide ponerse un burka considero que está en su derecho a pasearse libremente con esa prenda por la calle, sin entrar más consideraciones. ¿La obligan? Seguramente. ¿Qué pasará cuando no pueda usarlo? Quedará confinada en casa. Porque no creo que Alicia Camacho o Mª Dolores de Cospedal vayan a ofrecerla un trabajo en el PP, por ejemplo, para que pueda cambiar su atuendo 'discriminatorio' por un traje de chaqueta.

La campaña por la prohibición del burka y niqab que se inició y extendió en Cataluña con la clara vocación de impedir que los partidos de ultraderecha sumaran votos, resulta en realidad innecesaria. El Estado tiene en sus manos mecanismos legales como la Ley de Extranjería.

Fíjate que hasta me apetecería regalar el burka a algunos personajes a los que preferiría no volver a ver la cara en mi vida. Y me abstengo.

martes, 4 de mayo de 2010

Rosa Diez y José María Fidalgo, un affaire con the end antes de empezar

El flirt Rosa Díez José- María Fidalgo avanza por una senda de rosas, a tenor de como respira el ex secretario general de CCOO. La cuestión es ¿cuanto tiempo se soportarán? Ya hay apuestas.
Por Ana R. Cañil

"Que no te digo ni que sí ni que no. Y si
fuera que sí, no te lo iba a decir ahora". Así de contundente se nos mostraba el jueves pasado, José María Fidalgo en Gijón, cuando le pregunté sobre su paso a la política, gracias a las ganas que tiene de ficharle Rosa Díez, la líder única y unívoca de UPyD. Hace semanas que se rumorea en los medios, pero es que dos días antes de que Fidalgo llegara a Gijón, la diputada había insistido en el flirteo.
Fidalgo fue a Asturias a dar una charla sobre "La sostenibilidad del Estado de Bienestar" en el seminario que organiza la Asociación de Periodistas Europeos (APE). Pero su charla, en un Salón Jovellanos de la capital repleto de gentes a mitad de la mañana, tuvo todo el aspecto de ser su primer ensayo de mitin político para el "sí" que con probabilidad le dará a la ex eurodiputada del PSOE.

El sindicalista llegó, miró al salón desde sus dos metros de altura, sacó los folios trabajados a mano y soltó su charla clara, contundente, popular. Comenzando por pedir "una democracia decente" -termino que utilizó varias veces- y habló con esa claridad y humorada, que se permite quien es libre. Exigió sinceridad a los políticos, explicaciones de fondo sobre la insostenibilidad de las pensiones a medio plazo ( acaba de participar en un informe sobre el tema con otros sabio para la patronal del seguro, Unespa). Le funcionó lo de cantarle las verdades del barquero a políticos, pero también a ciudadanos: "tenemos todos que saber que las pensiones no son un derecho"; o sobre la financiación y las hipotecas "aquí todos culpables, porque también muchos se han acogido a hipotecas en las que les ofrecían el 120% del valor de tasación del piso y compraban para vender más caro y volver a revender"...En fin, que los aplausos sonoros de la sala demostraron que la gente tiene ganas de que se reparta leña para todo quisqui.

Por esos aplausos y por la actitud del ex líder de CCOO, los plumillas allí presentes no descartamos -más bien el contrario- que Rosa reciba un "sí" de su amigo José María, algo que pondrá más nerviosos aún a los del PP y a los del PSOE, sobre todo en Madrid.
Porque el partido de Díez, muy a su estilo personalista, no para de arrojar buenos datos en las encuestas, robando a socialistas y populares. Aunque en Madrid saca más de quicio al desesperado Tomás Gómez que a la lideresa Esperanza Aguirre.

La cuestión ahora es si José María Fidalgo le dice que sí, y el aún socialista Joaquín Leguina cambia de opinión -"pienso seguir en el PSOE porque no hay mal que cien años dure" suele decir el ex presidente de la Comunidad de Madrid- y se pasa a UpyD aunque solo sea por molestar, cuanto tiempo le van a durar a la diputada Díez en sus filas. "Desde luego, veo difícil por no decir imposible, que Fidalgo soporte dos semanas a Rosa. O viceversa, que cuando Rosa vea que aplauden más a José María que a ella, pueda sobrellevarlo" explica un diputado amigo de ambos personajes, que conoce a Leguina y no cree en los rumores de que este vaya a aceptar una oferta de UPyD.

Mientras, corren las maldades que murmuran populares y socialistas. Por una vez, coinciden en varias cosas sobre el estilo de la nueva líder: representa al pensamiento débil, su estulticia es notable, no hay más que seguirla en los debates del Parlamento, pero sabe lo que quiere oír el ciudadano desencantado. Y desencantados y hartos están los españoles de Zapatero y de Rajoy casi a partes iguales.

viernes, 23 de abril de 2010

El estilo de los políticos: Rosa Díez

Por Pilar Portero

Nos piden el voto. A cambio de solucionar problemas como por ejemplo, el paro. Son políticos. Unos por vocación y algunos, por casualidad. Aquí nos damos el placer de diseccionarles como si se tratase de un estudio de anatomía. Con la suavidad de un bisturí recién afilado. Hoy, la líder de UPyD. Una mujer que provoca pasiones divergentes. Y a la que la comparación con Nick Clegg ha puesto de moda.


Una personalidad tan cromática es inevitable que se exprese sin medias tintas. Y que decir de esa capacidad de seducción que la hace temible entre la competencia. Rosa Díez es consciente de su proyección y aprovecha cada resquicio para diferenciarse. No es una más de la manada de políticos que pueblan las Cortes Generales. La chaqueta amarilla evidencia la intención de no pasar desapercibida. Aunque lo mejor es, sin duda, el boli-jeringuilla de tu2is.es que sostiene en la mano. "Qué divertido! Es una idea genial!", me dice entusiasmada.

(Esta es nuestra personal tarjeta de visita. Una igualita a la que le dimos a Rosa Díez)

Sonriente y atenta, cuida a la prensa sin pasarse. El ratio de rentabilidad de su único escaño es el más alto del Congreso. Para algo le servirán los 37 años de sus 58, que lleva dedicada a la política -desde que en 1973 entró en UGT-. Segura de si misma y arrolladora, ha logrado poner de acuerdo al resto de partidos en torno a ella: todos la critican por hache o por be. Una tendencia a la que se suman algunos periodistas mediatizados.

Sin embargo, en la calle existe otra percepción. Luce el título de política mejor valorada, según el CIS, desbancando del podium -por primera vez desde que es presidente- a Zapatero. Ese compañero de partido que ganó las primarias en las que ella resultó última en el Congreso del PSOE del año 2000. Una formación que no hubiera abandonado si el 'talante', del que presume el presi, permitiera disentir.

Rosa Díez elige su vestuario con el mismo cuidado e intención que sus palabras. Miras al hemiciclo desde la tribuna de prensa y enseguida la distingues entre los 350 diputados -en el hipotético caso de que no faltara la mayoría-. El rojo, un tono reincidente en su armario, lidera un elenco de prendas en colores y estampados visibles desde las antípodas con poco que se esfuercen. Como es delgada y sigue la moda, se atreve con los últimos hits de la temporada, entre los que nunca faltan gafas a juego. Adicta a los broches modernos y a las pulseras aunque los collares descomunales también le tientan. La joyería delicada -es que no le falta de ná- la reserva para los momentos más duros y sobrios. Y es que hay que ser estratega hasta cuando decides que pendientes te cuelgas. ¡Qué os habíais creído!

Otros políticos con estilo propio:
El estilo de los políticos: Eduardo Madina
El estilo de los políticos: Josep Sánchez Llibre
El estilo de los políticos: Paco Fernández Marugan
El estilo de los políticos: Álvaro Nadal

martes, 20 de abril de 2010

¿Te hace un ménage à trois al estilo british?

Por Pilar Portero

¿Qué pasa cuando tres son multitud? Gordon, Cameron y, sorpresa, un tal Nick Clegg arrollando a los tradicionales candidatos ingleses. Si en algo están de acuerdo los grandes partidos, hasta en el culo del mundo, es en impedir que un tercero altere su status quo. Rosa Díez es un ejemplo de cómo ese miedo resulta denominador común tanto en el Gobierno como en la Oposición en el parlamento patrio. Pero cuidado, el monopolio de los mayoritarios no es inquebrantable. ¿Y si montamos un chatroulette con políticos?

"La democracia es un sistema de Gobierno en el que se rehuye el multipartidismo porque cuantos más partidos, más caos. De hecho en Gran Bretaña, un partido emerge para comerse al otro. Los liberaldemócratas se llevarán por delante a los conservadores o a los laboristas, pero no convivirán los tres". Esta es la visión de un diputado, que en este caso resulta popular pero podría ser socialista. "Rosa Díez nos favorece a nivel nacional porque es una receptora de votantes del PSOE, pero en el ámbito local nos hunde. En Pozuelo, las pasadas elecciones europeas, UPyD logró casi el 10% de los votos, muchos de votantes nuestros desencantados" prosigue la misma fuente.

En cuanto Nick Clegg, el candidato liberal- demócrata inglés, logró encandilar al hastiado electorado británico tras el primer debate televisivo a tres bandas, Rosa Díez se aplicó rapidamente el fantástico cuento. "El día que el tercero se convirtió en el primero" se titulaba el post que la líder subió el sábado a su blog, plagado de paralelismos. Cualquiera que se mueva en el ámbito político sabe que Díez siempre está en la diana de sus rivales políticos. "A mi personalmente me cae bien pero como política no me gusta nada" señala un colega socialista. Lo cierto es que al hilo de la ascensión al olimpo de Clegg hemos preguntado sobre lo que ya sabemos -tranquilos es sólo para poder entrecomillar-: ¿por qué este perverso sistema electoral tapona sistemáticamente al tercer partido, sea el que sea?

"La ley electoral no se va a modificar. La propia Rosa ha presentado proposición de ley de la ley electoral más acorde con el principio de igualdad de votos, recomendado por el Consejo de Estado. A ninguno de los grandes le interesa lo más mínimo. Ya es una amenaza que sea la política más valorada por los ciudadanos a pesar de que por muchos votos que lograra sólo duplicaría su representación en el parlamento", explica un ex ministro socialista. El CDS de Adolfo Suarez y el partido Reformista de Roca son los antecedentes fallidos de buscar una tercera opción, una alternativa al bipartidismo imperante.

Los grandes, emperrados en limitarnos el panorama y hacernos elegir entre encefalograma plano o encefalograma plano, no son conscientes de que la paciencia del electorado está llegando a su fin. La campaña por la abstención podría resultar un correctivo si la Red se confabula. Las encuestas de intención de voto preelectorales mostrarían esa complicidad masiva en elegir la papeleta en blanco. Y los candidatos se verían obligados a hacer algo más que descalificar al contrario.

¿No sería delicioso observar a los candidatos glosando sus virtudes en un chatroulette electoral al estilo del pianista improvisador ante la falta de votantes?
Pensadlo.