martes, 15 de noviembre de 2011

Ascensión y caída de un ministrable en 7 pasos

Por Pilar Portero y Ana R. Cañil
Basta con que tu nombre suene o incluso se haya publicado en la hoja parroquial para que una legión de interesados y pelotas comience a rendirte pleitesía por si acaso. Estos días, desayunando o tomando el aperitivo con algunos de esos ministrables del PP hemos asistido a la divertida danza de seducción que se baila a su alrededor por parte de colegas del partido y nos han contado la caza salvaje que empresas y lobbys han puesto ya en marcha para asegurarse un trato preferente. Te contamos los hechos que se desencadenan en cuanto tu nombre circula en los mentideros. Un cortejo que puede acabar siendo mortal si no se maneja con una inteligente prudencia.
Gallardón y Ana Pastor, dos de los ministrables, con Lucas y Rajoy
1. Te resistes a creerlo. Te gustaría, ¿como no? dado que cualquier político aspira a un puesto de responsabilidad para poder llevar a cabo las políticas en las que cree. La experiencia te dice que sólo el jefe, en este caso Rajoy, sabe quienes serán los elegidos. Eres consciente de cómo funciona la rumorología y de que en este momento hay muchos colegas tratando de colar su nombre en los medios. Pero piensas que tu eres distinto y que no te va a afectar que suene tu nombre porque no le das el menor crédito.

2. Los lobbys y las empresas te empiezan a llamar. El teléfono suena. Eléctricas y constructoras ya están cortejando a los Piqués de turno, las editoriales y la industria del cine reuniéndose con los supuestos ministros de cultura, las asociaciones empresariales invitando a encuentros al superministro de economía y los laboratorios farmacéuticos pidiendo cita en cascada a los nombres para una supuesta cartera de Sanidad, hasta un fabricante de pañales se ha puesto en contacto de uno de esos ministrables aprovechando la ocasión. Resulta muy muy complicado resistirse a las zalamerías del poder económico cuando ponen a funcionar la maquinaria de seducción.

3. Cuenta conmigo para lo que quieras. Los compañeros de partido que antes te miraban con desprecio y te saludaban con un ligero movimiento de cabeza, ahora te dan la mano y hasta un abrazo mientras te dicen mirándote a los ojos "Para lo que necesites, ya sabes que cuantas conmigo" como si fuesen cruzados dispuestos a darlo todo por la patria. La semana pasada, un grupete de esos que mantiene la distancia de seguridad con altivez, hasta me besaron a mi cuando coincidimos en un bar próximo al Congreso en el que yo departía con un ministrable. Aunque albergan la esperanza de que te quedes sin cartera, se cuadran por si las moscas.

4. Todos los periodistas quieren conocerte. Con la de veces que has intentado que un periodista se hiciese eco de una de tus iniciativas sin conseguirlo, asistes perplejo al interés mediático que de pronto despiertas. Te ofrecen entrevistas a doble página en los diarios de mayor tirada, los presentadores estrella se mueren por entrevistarte y las revistas de moda quieren hacerte un reportaje. Los periodistas que ya te conocían ahora van de colegas y se refieren a ti con la palabra 'amigo'.

5. Tu pareja entra en pánico... o en euforia. Suele pasar que si tu cónyuge tiene una carrera profesional que se ha ido labrando con esfuerzo y en la que se siente cómoda/o, le produzca pavor pensar en todo lo que se le viene encima. Probablemente, sus pequeños triunfos laborales se achacarán a la influencia de su poderosa mujer o marido -según proceda-, por no hablar de la exposición pública que pasará a padecer la pareja. Claro, que también sucede lo contrario. Que el pariente se vea ya saludando a Felipe y Letizia en actos oficiales y con chofer a la puerta y escoltas pisándole los talones y corra a encargar un vestuario digno de su futuro estatus.

6. Te empiezas a sentir ministro. Tanto agasajo confunde. Cómo van a estar equivocados todos los empresarios con los que has comido. ¿Van a perder sus tiempo banqueros y consejeros delegados a los antes sólo conocías por la prensa salmón, si no tuvieran constancia de que vas a ser ministro? Tu mismo te contestas: no, claro que no. Así que a la segunda llamada aceptas tener un encuentro, y a la tercera cita tu foto reunido con los poderosos sale impresa.

7. Trasciende tu nombre y te caes de la lista. En el momento en que empiezas a comportarte como si fueras a ser ministro, firmas tu sentencia de muerte. "Lo peor de Luis (de Guindos) no es que haya sido el responsable de Lheman Brothers en España sino que atiende a las solicitudes que le hacen como si fuera ministro. Seguramente a Rajoy no le esté gustando nada esa actitud. Es verdad que le ha consultado en multitud de ocasiones, pero eso no significa que le vaya a confiar la cartera de economía", explica uno de los hombres del posible presidente.

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