jueves, 30 de junio de 2011

Harryppoteando en los misteriosos sótanos del Congreso, con cadáver y todo

Por Ana R. Cañil y Pilar Portero
Misterio en el Congreso de los Diputados. Pero misterio del de película, a lo Harry Potter. Acaba de finalizar la mañana del debate del estado de la nación, el último de Zapatero, y media docena de personas -tres periodistas y tres políticos- unidas por el azar y conducidas por un personaje algo duendecillo que conoce los recovecos de las Cortes, caminan  hacía el final del pasillo de los pasos perdidos. Franquean la puerta del fondo, chocan con un tapiz bordado en seda y oro sobre terciopelo rojo, donado al Congreso por las esposas de los diputados de ultramar, y siguiendo las ordenes del duende, se sitúan frente a un viejo ascensor de nogal, sujeto sobre un escalón. Ni sube ni baja. Al lado hay un espejo, partido por una franja roja..
El ascensor misterioso y el espejo que al abrirse da paso a la galería
-Poneros frente al espejo y levantad las manos- ordena el duende.
No sin cierto reparo, una de las mujeres del grupo -una tal Pilar Portero- se sitúa ante el espejo, que inmediatamente se abre como una puerta de dos hojas a un paisaje sorprendente. Dentro, unos largos pasillos de ladrillos rojos, formando arcos mozárabes, se pierden en increíbles galerías, muchas recién restauradas. Otras aún por restaurar. A los lados, surgen decenas de recovecos, restos de viejas celdas, huecos de tumbas bajo nuestros pies.
 
Marcelino Iglesias y Miguel Ángel Aguilar, observan los restos de los túneles
Imposible. Si hace un segundo estábamos en el bullicio del Siglo XXI, congelados por las cifras económicas de Zapatero y Rajoy, anestesiados por el sopor del Debate del Estado de la Nación. ¡Y pensar que decenas de pasos de diputados, periodistas, ujieres, corren por encima de nuestras cabezas! Sólo el montón de cables a la vista, grises, negros, blancos de polvo muchos de ellos, nos recuerdan de dónde venimos. Son la memoria del intruso tecnológico, los que permiten la informática del Congreso, la señal de las televisiones, la luz, la tecnología, la otra realidad que revela que en el corazón de Madrid, no habita el malvado Voldemort, pero si el halo de misterio de los huesos de una monjita, hallados cinco años antes .
Nos paramos al lado del hueco de la tumba donde aparecieron los huesos, que para tristeza de José Bono, presidente del Consejo, no eran los de Sor Maravillas, la monja que dió lugar la bronca por la placa en el Congreso de los Diputados.
Según los primeros expertos que accedieron a los restos de la supuesta monjita, lo más lógico era que procedieran de un antiguo osario o cementerio del Convento del Espíritu Santo, sobre cuyos restos se asienta el edificio de los leones, que data de 1885. ¿Y han aparecido más huecos desde que se descubrieron los de la monja citada? pregunta una de las 'turistas' de tan curiosa gira.
-No, que yo sepa no- responde el duende guía. Uf, solo faltaba ir pisando huesos. No ha habido más restos, pero nadie descarta nada, desde que hace unos años, al ir a hacer unas obras para meter todos los cables y demás sistemas de seguridad para la nanotecnología, se empezaron a picar techos y suelos. Y aparecieron los cimientos del viejo convento, que sirvieron a los constructores de Parlamento para asentar el edificio de los leones.   
Lugar en el que se encontraron los restos de una monjita
Entre gruta y gruta, arco y arco y mientras vamos a parar por los sótanos del desaparecido convento hasta el otro lado de la Carrera de San Jerónimo, saltan las especulaciones. ¿Qué hubiera pasado el 23-F, si el Gobierno provisional que presidía Francisco Laína hubiera sabido que había unos túneles en los sótanos del Congreso de los Diputados, a los que se podía acceder con un buitrón desde el el Banco Exterior o los edificios adyacentes? ¿Se hubiera llevado a cabo el plan de asalto del Congreso con los GEO desde abajo, pero sin los tanques?
El asalto del general Pavía al Congreso, el 3 de enero de 1874 -por cierto, se diluye la leyenda de que entró en caballo- ¿hubiera sido igual, si el tal general hubiera recordado que tan sólo 24 años antes allí estaba el convento del Espíritu Santo y los pasadizos de sus misteriosos sótanos?¿Hubiera cambiado la historia?

Otro de los interminables túneles

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