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martes, 23 de febrero de 2010

Cuando a los periódicos se les va la mano twitteando

La contagiosa epidemia del multimedia

Por Pilar Portero

Si trabajas en un periódico bien apareado -¿quién se pone encima internet o el papel?-, o twitteas o twitteas. Se ha convertido en la obsesión jerárquica del momento y en motivo de cachondeo entre algunos lectores y diversos profesionales de la red, que asisten atónitos a escenas tan almodovarianas como, un 1,2, 3 responda otra vez, el twitteo de los desfiles de Cibeles o de los discursos de los políticos.

Numerosos compañeros de profesión me confesaban la semana pasada el absurdo en que están enredados debido a la estrategia multiorgasmicoperiodística que han puesto en marcha en sus redacciones.

El miércoles, la tan esperada como decepcionante comparecencia de Zapatero y la oposición en el Congreso daba lugar a situaciones tan paródicas como preocupantes. Resulta que reputados cronistas políticos, que son la envidia por sus fuentes, por su conocimiento y por su criterio, se veían con el agua al cuello debido a la acumulación de exigencias. "No se cómo lo haces -me dice un colega de un importante periódico nacional-, yo no puedo ni reflexionar un segundo, ni mirar alrededor. Tengo que estar twitteando en directo lo que dice Zapatero o Rajoy. ¿Qué te te han dicho? -se refiere al típico momento pasillo en el que los políticos están al alcance-. Te dejo porque me falta escribir una pieza para la web y otra para el periódico. Esto es de locos". Vuelvo a mantener la misma conversación con dos solventes periodistas más. Idéntico estres en Cibeles al día siguiente mientras cruzo media palabra con otro amigo al que le vuelan los dedos sobre el teclado.

¿Tiene algún sentido dedicar a los mejores profesionales a contar aquello que se puede ver por la tele o fotograma a fotograma, en directo y desde la red, como es el caso de Cibeles y el Congreso, sin ir más lejos? Lo auténticamente interesante es escuchar la cara B, lo que sucede fuera de plano. La fiebre que convulsiona los medios provoca que twitter pierda su sentido periodístico cuando no aportas nada más allá de lo que cualquiera puede ver. Lo más jugoso es el comentario ágil, la clave oportuna. Ana Cañil, mi irreemplazable compañera de blog me manda un sms justo antes de entrar en el quirófano para lo de su ligamento: "me bajo el ordenata para twittear la operación. Se van a enterar de lo que es un directo". Vaya, estamos inoculadas.

lunes, 22 de febrero de 2010

¿Dónde te has comprado esos boogies?


Por Pilar Portero

Viernes 19 de febrero. 4 de la madrugada. En un bar de copas, un chico de 23 años me dice: ¡Qué zapatos tan chulos! ¿Dónde te los has comprado?. En Underground por internet, le contesto mecánicamente. Tengo estos boogies, los que ves en la foto, desde principios de enero. Y creo haber escuchado la misma pregunta cerca de un centenar de veces, sin exagerar. Así que me siento obligada a escribir este post, básicamente para que nadie me interrogue más. Y aprovechando que la London Fashion Week se está celebrando tras cederle el testigo la New York Fashion Week y de que la versión cañí de Cibeles sigue dando oportunidades a los de siempre, y por esa tontería periodística de ligarse a la actualidad que no termino de quitarme de encima.

Pero si hasta la gitana que vende flores en la esquina de mi casa se ha interesado por ellos: "es que una suela tan gorda me vendría muy bien para aislarme de los baldosines y cómo paso tanto tiempo de pie en la calle, el frío me entra por las plantas de los pies, además el leopardo ese es muy bonito". Flipad modernos!. Entre mis amigos de toda la vida, con los me tragué la movida entre el rockola y los colegios mayores, el éxito estaba cantado. "¡Qué pena haber tirado todos mis pares!", decían olvidando lo curtidos, a base de copas y otros líquidos, que habrían estado ahora si hubieran sobrevivido y mientras me enseñaban los recién adquiridos.

Existió un tiempo en que hasta en Los Guerrilleros -sinónimo de zapatería cutre y barata- se agolpaban en el escaparate a precio de crisis. Por supuesto, mi media naranja bloguera, Ana Cañil, muerta de envidia se fue corriendo a la sucursal de Madrid de Underground y se los pilló en rosa chicle con doble suela, aunque no contenta también se pidió un segundo par por la red. Y no es porque se hubiera publicado todavía el editorial del Vogue British de febrero en el que los boogies o creepers eran absolutos protagonistas. Ni tan siquiera había leído a mi gurú de moda predilecta -objetivamente la mejor, que para eso es amiga- Sara Sáez, quién hace más de dos años ya avisaba. Ignoraba que hasta Armand Basi o Sonia Rykiel se los habían calzado a sus modelos.

Esto es lo típico que triunfa igual tomando un te en el Rizt o en el concierto de The Fiery Furnaces. Sólo piénsatelo antes de ponértelos cuando vayas a una cita repleta de fashions. Acreditándome para El Ego el jueves pasado, me percato de que la chica que está a mi lado tratando de que encuentren su tarjetita observa mis pies sin dar crédito. Ella, Miranda Makaroff -hija de Lydia Delgado y Sergio Makaroff-, ideal de la muerte, lleva los mismos boogies que yo en color rosa. Cómo para ahorcarte en el ropero....

miércoles, 27 de enero de 2010

El tercer ojo

Aviso a navegantes: hazte con un ojo. Colgado del cuello, de las orejas, en la camiseta o en los pies. Les dejarás muertos.


Por Pilar Portero

No hay nada como tener ojo para poder distinguir esa tendencia, o esa persona o esa noticia, tan especial entre cientos de seductoras opciones. Acaba de comenzar en Barcelona el 080, una pasarela patrocinada por la Generalitat, en la que los diseñadores más moderniquis, los estilistas cool y los fashion porquesí patrios se besuquean sin rozarse con los labios mientras se acuchillan por la espalda, como viene siendo habitual en cualquier cita de moda. Además, hay desfiles de jóvenes promesas con talento pero sin proyección, pues aquí en España la subvención mata a las estrellas a golpe de talón. Merece la pena pasarse por allí y chupar ideas. Lo contrario a lo que sucede en Cibeles, donde la gran mayoría de los bisoños diseñadores aprovechan para tomar prestada la inspiración hasta del público.

Y es que algunos de los asistentes a las pasarelas son un pozo sin fondo. Para codearse con ellos hay estar provisto una clarividencia fuera de lo común y una extravagancia innata. Estas dos cualidades naturales se pueden fomentar obviando los dictados de las grandes cadenas para empezar. Como el tiempo apremia, aqui tienes una idea para epatar. Hazte con un tercer ojo. Son lo más entre los enteradillos. En la camiseta, en el bolso, en los pies (como las cuñas de Dolce & Gabbana de la izquierda) o en los dedos.

En plan vintange busca un ojo griego original que tan deseados fueron en los setenta. Ahora los han rescatado los últimos diseñadores de joyas. Solange Azagury- Partridge (autora del anillo de brillantes de la izquierda), una instintiva diseñadora británica a la que se rifan las casas más selectas como Boucheron se rige por el principio de que las joyas sean divertidas. Y de verdad que logra dotarlas de optimismo -la palabra mágica para impulsar el consumo en época de crisis- a precios de lujo, eso si. En línea con ella, la hija de Silvia Fendi, Delfina Delletrez Fendi (el anillo de la primera imagen está firmado por ella), está igual de enganchada a la oftalmolojoya. Aunque esta joven y rica diseñadora que ha heredado el oficio de su renombrado papá, Bernard Delettrez, está más centrada en el rollo gótico y en el surrealismo. Acuérdate del famoso corto de Buñuel, en el que colaboró Dalí en el guión, "Un perro andaluz" y la inquietante escena del ojo y la cuchilla.

No hace falta decir que no es necesario empeñarse para tener un tercer ojo. Seguro que tendrás alguno en lo más profundo de la caja de bisuteria variada. En caso negativo, busca en joyerías antiguas, a ser posible de pueblo. O pásate por una tienda de material médico y compra un ojo de lo más anatómicoforense que encuentres. Eso sí, hazlo antes de que Zara lo incorpore a su catálogo.