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miércoles, 27 de abril de 2011

Pedro J, Moreno y Maraña se venden en twitter

Por Pilar Portero

Los directores de El Mundo, El País y Público han encontrado el paraíso terrenal en la red. Desde que lo descubrieron, utilizan descaradamente las posibilidades que ofrece twitter en concreto para elevar a la enésima potencia el alcance de los mensajes que lanzan desde sus respectivos medios y a la vez, venderse a sí mismos. Anoche, poco antes de las 12, aparecieron en mi twitter estos tres mensajes consecutivos. No me resistí al pantallazo para inmortalizar ese momento que demuestra lo que sucede cuando la necesidad aprieta.


Elocuente pantallazo del 26 de abril antes de las 12 de la noche
 El primero de los tres en abrirse cuenta en twitter fue Javier Moreno de El País, en junio de 2009, aunque pasaba meses sin escribir ni una línea. Su momento cumbre, el de máxima excitación, como el mismo confesaba el 1 de diciembre de 2010 -" Si alguien considera que lo que enviamos de #cablegate es spam, perdón. Pero es que estamos muy excitados con las revelaciones.."-, llegó con Wikileaks. Ese día por ejemplo, escribió y rebotó veintitantos tweets de los casi 600 que ha tecleado en estos dos años. En los corrillos periodísticos, los profesionales se preguntaban si estaría tratando de ganarse el puesto de jefe de prensa de Assange, dado que pasaba una buena parte de su jornada laboral vendiendo como un poseso los cables de Wikileaks a sus más de 7000 seguidores en twitter. Moreno evita la opinión y suele limitarse a titulares y enlace. Si cotilleas a quién sigue él- 149-, te darás cuenta que su endogámica lista está formada mayoritariamente por periodistas en plantilla de Prisa y alguna que otra estrella de la comunicación internacional.

@pedroj_ramirez descubrió twitter hace menos de dos meses -el 10 de marzo- y enseguida se percató de que era la excusa perfecta para enmendar el error de Orbyt. Las escuálidas cifras que guardan celosamente en El Mundo sobre un producto informativo por el que hay que pagar, apuntan a que no ha logrado más de 10.000 suscriptores. Como si hiciese un favor a sus más de 20.000 seguidores en twitter, está liberando Orbyt tacita a tacita. Necesitaba una coartada que le evitara reconocer que se había equivocado y la del altruismo hacía sus followers es perfecta. Los tweets de Pedro J son como él, excesivos en número -casi 3000 tweets- y superopinativos. Se enzarza en discusiones sobre fútbol, política, sucesos y hasta comenta interioridades del periódico. En sus dos primeras semanas en twitter se convirtió en el indiscutible trending topic entre la profesión. Allí donde se juntaban más de dos periodistas se hablaba, más bien se criticaba, la irrupción del director de El Mundo. Entre sus 92 seguidores hay amas de casa, políticos, estudiantes, la cúpula de El Mundo y al director de Público

, en su primer tweet el 23 de marzo ya incluía una declaración de intenciones: "Dedicamos mucho tiempo a comunicar cosas y no tanto a reflexionar sobre ellas". Al director de Público se nota que twitter le pone, pero sin excesos. Libre de prejuicios, sigue a periodistas de otros medios y no le importa recomendar un artículo de la competencia si le parece que es bueno. Cerca de 4000 seguidores le preguntan por las informaciones políticas de su periódico, que son básicamente las que más 'vende' él mismo. Maraña responde con moderación y evita la crispación. Cuida no bombardear al personal con un exceso de tweets pero mantiene un goteo constante que suma casi 500 tweets en poco más de un mes. Como a Pedro J y a Moreno le intuyes a través de su comportamiento en la red. Maraña busca la pluralidad para disponer de una visión de campo más amplia. Sólo hay que fijarse en la variedad de ideologías que se mezclan entre la gente que él sigue. Muchos periodistas, de prensa, radio, tv e internet y una escogida selección de diversos medios.
Por las noches les encontrarás en la plaza pública de twitter vendiendo su mercancía.

miércoles, 16 de marzo de 2011

David Jiménez y Ramón Lobo, ¿el reportaje o la vida?

Por Pilar Portero y Ana R. Cañil
David Jiménez está en Japón, es el corresponsal de El Mundo y un excelente periodista. Ramón Lobo está en Madrid en la redacción de El País, aunque él siempre prefiere estar en el ojo del huracán, y es uno de los corresponsales de guerra más reputados. Les hemos preguntado a ambos sobre el miedo, el peligro y la vocación de informar mientras te juegas la vida en asuntos tan dispares como una guerra o un escape de radioactividad. David ha contestado por mail y Ramón por teléfono. Estas son sus reflexiones. Tal cual. Merecen ser leídas sin fragmentar.
Y muchas gracias a los dos por acercarnos a la verdad a pesar del riesgo.

David Jiménez desde Japón
"Inconscientemente me mentalizo para rebajar mi percepción del peligro y justificar que todavía puedo seguir cubriendo la información"

Hola Pilar, perdona que tarde en responder. Muchos problemas logísticos por aquí. Precisamente estoy escribiendo algo sobre la huida de los enviados especiales para la web. La mayoría se han marchado.Yo creo que la clave es la incerditumbre. A algunos periodistas les da más miedo algo que no pueden ver, como la radiación, que el frente de un conflicto, donde estás un poco más en control de la situación. Personalmente, a mi me cuesta mucho marcharme de un sitio mientras sigue siendo importante cubrir lo que pasa, más aún en una crisis de la importancia de la que vive Japón. Supongo que inconscientemente me mentalizo para rebajar mi percepción del peligro y justificar que todavía puedo seguir cubriendo la información. No se trata de hacer locuras y, llegado un momento, no tendría problema en marcharme, pero creo que debe ser la última opción, cuando el riesgo supera lo que estás dispuesto a asumir. Se dice que un corresponsal muerto no puede mandar su historia al periódico y no seré yo el que lo ponga en duda.
Espero que esto te ayude, no puedo alargarme porque tengo mucho lío.
Besos
David

Ramón Lobo
"Por un párrafo es una gilipollez que te la juegues, por un buen reportaje merece más la pena"

Realmente no eres consciente del peligro, si lo fueras te irías. En el año 93, en Mostar durante la guerra de Sarajevo, en la zona de españoles había solo un hotel, donde estábamos Javier Espinosa, Fernando Mugica, Miguel Gil y yo. Había cuatro mercenarios tomando un café y nos pusimos a hablar con ellos. Se levantaron todos menos un francotirador francés que se quedó. A los pocos días me le encontré y me dijo que había visto a mis amigos. "¿Les has saludado?" le pregunté. "No porque les he visto a través de la mirilla pero como eran amigos no les he disparado". Entonces te das cuenta de que tu vida a veces depende de detalles que ni te imaginas. Cuando matan a amigos como Miguel Gil (en una emboscada en Sierra Leona en 2000) o Julio Fuentes en 2001 en Afganistán, o Ricardo Ortega en 2004, eres consciente del peligro.

Pero casi en el 99% de las veces no eres conscientes nunca. Sólo la experiencia te permite distinguir un párrafo de un reportaje: por un párrafo es una gilipollez que te la juegues,  por un buen reportaje merece más la pena. Y también que siempre hay una forma de hacerlo menos difícil. No todo es tan peligroso como se ve en el telediario. Debes tener buena información del lugar en el que estás, saber por que calles debes ir, tomar las medidas adecuadas y saber medir. Lo malo es que no suele haber gran información. Luego funciona la buena suerte. Gervasio Sánchez tiene una frase "Nos protege una estrella hasta que se apaga". Puedes salir bien de cosas.

No he estado en terremotos, sólo en el posterremoto de Haiti. Me alojé en un hotel que tenía la parte principal apuntalada y para salir había que recorrerla. Calculé cuanto tiempo tardaría en abandonar el hotel en caso de un nuevo seísmo y ví que era imposible salir por la zona apuntalada. También se desarrolla mucho el humor negro.

Con Japón veo una histeria colectiva, lo nuclear suena mal. El peligro máximo es en Fukushima, para los 50 ingenieros que se han quedado. Cómo lo normal es que los gobiernos no digan toda la verdad, se genera una desconfianza que provoca el miedo. En el caso de Japón el peligro es más difuso. En una guerra ves y oyes disparos, doblas una esquina y te chocas con la gente que corre en sentido contrario, doblas la siguiente y te ves sólo. El peligro es visible y eso te hace controlar mejor el miedo.

Respecto a irte o quedarte. Si eres un corresponsal de guerra hay que encontrar la fórmula de permanecer vivo en el sitio. Si hay un tiro y te vas no habría existido el periodismo de guerra. Tienes que dar con la manera de estar seguro. A veces te empuja la presión, que te crea un medio o tu mismo, por llegar muy rápido a los sitios. Hay que pararse a pensar, dos o tres horas, lo que necesites antes de decidir.