
Por Pilar Portero
Ni tampoco Laura Esquivel, la escritora mejicana autora de la cinematográfica "Como agua para chocolate", ni Elena Poniatowska, la aristocrática escritora franco-mejicana, entre otros famosos latinoamericanos de probada soltura gramatical. Y es que los ilustres veteranos que forman la Academia se han negado a que personajes tan populares como Boris o Valdano, promocionaran su última joyita, a pesar de que el corto estaba grabado ya: La nueva gramática de la lengua en la que han participado las 22 academias de hispanohablantes.
Hombre, interés interés, generan mil veces más Miguel Delibes -mi héroe desde que leí "El camino" a los 10 años- y Mario Vargas Llosa -del que también devoré, a los 14, "Pantaleón y las visitadoras"a escondidas, convencida de que detrás de tan sugerente título había contenido erótico-, quienes en vídeo han valorado el ingente trabajo. Y nada como escuchar a Miguel Delibes en diferido, breve y certero, para entender por qué los anónimos encajan mejor: "Mi mayor deseo sería que esta Gramática llegase al pueblo y se fundiera con él, porque, en definitiva, el pueblo es el verdadero dueño de la lengua". Gente corriente que masca el español y se lo pasa de boca en boca. Que igual pervierte una palabra o la declina con deliciosos resultados. Filipinos, colombianos, hondureños juegan con su lengua en el corto que esta mañana se ha proyectado en la presentación plagada de sabios y prohombres, 700 más 0 menos.
Hasta Ángel Gabilondo, ministro de Educación, ha impactado al personal con su cálido discurso y un guiño al poder del lenguaje. "Necesitamos impulso y aliento, también para gobernar como la Gramática, argumentada y reflexivamente, buscando el espacio común de los acuerdos, el espacio de legítimas diferencias" (Leerlo entero). Y eso que las brillantes reflexiones del padre de la Nueva Gramática, Ignacio Bosque, eran difíciles de eclipsar, a años luz del insípido discurso del Rey.
Que corran las palabras, como si fueran vino en las bodas de Caná. Hoy celebramos un casamiento multicultural, entre los intelectuales, obligados a estudiar los mecanismos, y las personas que crean y enriquecen los fonemas.
Nota personal para Óscar: Lo siento guapo, el lenguaje es librepensador e imprevisible. Por eso a estos señores tan listos les ha costado 11 años recopilarlo. Y encima, nada más nacer ya se ha quedado viejo. Eso es lo fantástico de que el idioma sea tan inquieto, no hay quien lo atrape.