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jueves, 18 de noviembre de 2010

Hablando con el viceministro de Información chino sobre internet

 Por Pilar Portero
Almuerzo con el viceministro de Información chino -sentado a mi ladoen la Asociación de Periodistas Europeos- y hablamos sobre el acceso ¿libre? a internet, las redes sociales y los derechos de los usuarios. Glups! Escucho el discurso con que justifica las restricciones que impone su régimen a los 420 millones de internautas chinos y siento que sólo el idioma acabará diferenciandolo del que utilizan nuestros políticos cada día con más soltura.
En el centro, con bufanda blanca, Dong Yunhu
Dong Yunhu, sonríe amablemente y se esfuerza, sin descanso, porque cale el mantra de que China es un país amigo, no esa superpotencia con la que Occidente tiene pesadillas por las noches. El reducido grupo de periodistas que compartimos mesa con él y su mudo -excepto el traductor, claro- y servicial séquito en la APE el pasado martes, estamos interesados en la reguladísima libertad de información. Yo, en concreto, quiero indagar sobre la estrechez en los márgenes que la ley del país asiático impone a sus 1300 millones de habitantes en la red. Me interesa mucho comprobar como una norma creada para limitar el acceso a contenidos pornográficos, terroristas o criminales, se utiliza para bloquear cualquier página que disienta del poder.

Aquí - le comento a Dong Yunhu-, en España, nos sentimos con superioridad moral para hablar del control sobre la red que existe en China porque partimos de una situación de libertad. Sin embargo ahora se está debatiendo en el Parlamento una ley que sienta los cimientos para intervenir páginas web. Así que vamos involucionando mientras China se está viendo empujada por la propia fuerza y energía de los usuarios a pensar en ir abriendo la mano. El pasado junio acabó renovando la licencia a Google y en septiembre abrió una web para recibir quejas. Pequeños gestos. ¿No cree que es un buen momento para que China cambie sus leyes y de una lección al displicente Occidente obsesionado por controlar la red?, le pregunto.

"Con los usuarios de las redes sociales como twitter y Facebook, se podrían formar un nuevo país -responde el viceministro de Información-. Internet en China ha penetrado en todas las áreas de la vida social, pero todavía está en proceso de desarrollo. El principio básico es hacer grandes esfuerzos para que funcione de acuerdo a la ley", me responde con la consigna oficial.Y sigue, "Internet tiene problemas ocultos como la seguridad o las falsedades que circulan, la pornografía..." le interrumpo un segundo: Ya, ya pero desde hace cuatro meses se ha levantado el veto contra el porno y sin embargo, yo no he podido leer ni una palabra del Nobel de la Paz de este año, Liu Xiabo, encarcelado por pedir reformas democráticas. El gesto cordial de Dong Yunhu se crispa. "¿Saben quién es? Conozco bien a esa persona. Tiene mi misma edad. Ha dado conferencias diciendo que China debe ser colonia 300 años más. Quiere derrocar al Gobierno. Puede que no estén de acuerdo conmigo -dice mirando a los presentes- pero si quieren que China sea un estado de derecho deben respetar mis palabras", concluye mientras recupera otra vez la sonrisa. De la Wikileaks que la disidencia china está pensando en montar, ni hablamos.

Escucho, leo y sigo los tweets y los post sobre el rechazo ayer a la moción en el Senado a favor de la neutralidad de la red. Me acuerdo del reportaje del Economist sobre los nuevos muros en la web y me enzarzo en una discusión con un político con coco que trata de razonarme porque la batalla en la red está perdida, mientras tomamos el aperitivo. "También se creía hace siglos que el mar era incontrolable y ahora está absolutamente regulado. El poder no va a permitir que la red sea ingobernable. Asúmelo". Y veo a nuestros políticos con los ojos rasgados.

lunes, 26 de julio de 2010

Chinos y rusos devoran a nuestros niños ricos

Por Ana R. Cañil
Lo han constatado en sus experiencias los más de 102.000 españoles que este verano se han ido a estudiar idiomas en el extranjero. Sobre todo inglés. Pero quienes más lo han vivido han sido los 63.000 niños y adolescentes - datos de la Asociación Española de promotores de Grupos en el Extranjeros (Aseproce)- que vuelven con dos estribilllos. Uno es "este año había más rusos que nunca y ¡chinos!. Nunca hemos visto tantos chinos en Londres, Cambridge u Oxford. Están en todas las excursiones y en los cursos que hemos dado" comentan los adolescentes.


El otro estribillo, como no, es el de la Roja. Han impactado a todos esos compañeros con los que se han encontrado -turcos, libios, coreanos además de los tradicionales italianos, ucranianos, etc.- con el triunfo de la Roja en el Mundial y el farde de llevar camisetas de España.
El sábado y el domingo, en Barajas, se abría la puerta de llegadas y salían manadas de jovencitos con las camisetas de España. Unas eran de Villa, otras de Iniesta y otras de Casillas. Salían orgullosos, sin los complejos ancestrales sobre la bandera española ni problemas generacionales que arrastramos los padres.

Pero volvamos al fenómeno de los chinos. Y de los rusos. Hace ya media docena de años que los chavales coinciden con muchos chicos de países de la extinta URSS: Rusia, Ucranía, Letonia, Lituania. Son, a tenor de lo que cuentan cuando hablan de ellos, hijos de los nuevos magnates rusos y manejan mucho, muchísimo dinero. Lo contrario que los nuestros, que llevan dos años con restricciones monetarias y tiempo de estancia más corto.
Y este año -al menos en Cambridge y Oxford y entre los adolescentes de 15 a 18 años- se han incorporado manadas de chinos, que han dejado a nuestras criaturas "flipando". Primero, porque todo les pareccia maravilloso en la sociedad occidental -las tiendas boutiques, los grandes almacenes sin restricciones, el alcohol, el tabaco- y segundo, la libertad.

"Son alucinantes. Había discoteca a las 7, pero lo más mayores ya no vamos. Es para los enanos -explica una española que ha estado en de Cambridge Ars, asistiendo a cursos de postadolescentes-, pero los chinos de nuestra edad se iban a esa discoteca. La preferían a las birras o las pintas en el pub. Nos contaban que ellos, en su país, no podían ir a discotecas casi nunca. Y la libertad. Nos preguntaban por la libertad de entrar en todos los sitios. Son extraños, pero curiosos".
Curiosa es la conclusión de esta jovencita, a la que ha habido que explicar que esos chinos -y los rusos de otros años- forman parte de un grupo de países emergentes, Brasil, India, Rusia y China -más conocidos por sus siglas, BRIC, y de los que tantos veces hemos hablado- y cuyas juventudes se van a comer a nuestros vástagos en menos de un lustro.
Sí, porque mientras nuestras criaturitas han sido criadas en la riqueza y el estado del bienestar de los últimos 25 años y se doblan ahora, cuando todo se les pone cuesta arriba por primera vez, a los chinos y a los rusos, como a los indios o los brasileños, todo les parece guay en la vieja Europa, pero no entienden lo sobrados que van sus colegas. Ah, y están acostumbrados a luchar por pillar algo. Lo ven en las calles de sus países. Nuestros hijos, devorados por un hermoso dragón chino. Al menos es estético.